Cómo hacer jabón de la abuela

Al igual que las recetas de cocina, el jabón tradicional debería ser una de esas herencias que pasan de padres a hijos.
Las lentejas con chorizo, las croquetas, la paella y la tortilla de patatas son como fórmulas mágicas que siempre repites tal cual aprendiste de tus familiares más experimentados. Y es que, hemos pasado  muchos días en la cocina ayudando como pinches o simplemente nos han llegado cuadernos escritos a mano llenos de manchas, manchas cargadas de recuerdos y cariño. Son las recetas con sus ingredientes, sus cantidades y el paso a paso  que te permiten cocinar con orgullo aquello que sabes que de una forma igual o similar hicieron tus antepasados. Porque en cada familia las recetas son distintas y tienen una personalidad propia y a cada uno de nosotros nos gustan las fórmulas de nuestra familia ¿O acaso nunca has perjurado que la tortilla de patatas de tu madre/padre es la mejor del mundo mundial? ¡Porque yo sí! Pues con el jabón debería ser igual…¡Continuemos con la costumbre de elaborar nuestros jabones de forma tradicional! Siguiendo las recetas de todo la vida, e incluso mejorándolas.

Este post  va dedicado a todas aquellas abuelas que sin saber una pizquita de química preparaban y siguen preparando el maravilloso jabón de Castilla reciclando el aceite de oliva usado. ¡Va por vosotras! 

Como siempre y aunque resulta algo más aburrido, me parece imposible dejar de lado la química del jabón para que entendáis qué es un jabón, qué es la saponificación y cómo limpia un jabón. Voy a intentar explicarlo lo más rápido posible para llegar veloz a la parte más práctica y seguramente interesante para los que estáis leyendo este post.

¿QUÉ ES UN JABÓN y CÓMO SE FORMA? 

En pocas palabras un jabón es una sal que se forma con aceites (o grasas)  y un medio alcalino (sosa o potasa en agua) que explicado en términos químicos quedaría así: Las grasas y aceites que se emplean  son ésteres cuya hidrólisis en medio alcalino produce mezclas de sales sódicas de ácidos grasos que se conocen con el nombre de jabones. Esta reacción se conoce con el nombre de saponificación. Para llevar a cabo este proceso puedes emplear dos álcalis o bases diferentes, si utilizas hidróxido de sodio obtendrás un jabón duro y si partes del hidróxido de potasio tendrás jabón líquido.  Hasta aquí fácil, ¿verdad?  Pues ve buscando provisiones de aceites y  de sosa + agua (lejía),  ya que queremos un jabón sólido en nuestro caso.

¿CÓMO LIMPIA UN JABÓN?

Un jabón se caracteriza por tener en su estructura dos partes muy diferentes. Una parte hidrófoba (es apolar y tiene verdaderamente fobia al agua) y una parte hidrófila (es polar  y amante del agua).  Esta doble personalidad del jabón lo convierte en el perfecto limpiador, ¿por qué? Pues porque el agua sóla no es capaz de disolver la grasa, sin embargo un jabón es capaz de limpiar gracias a su capacidad para formar emulsiones con las sustancias solubles en grasas. Las moléculas del jabón engloban la suciedad y la encierran en una estructura o envoltura que se llama micela. La zona apolar del jabón se disuelve en la gotita de grasa y la zona polar se orienta hacia la capa de agua que lo rodea. La repulsión entre las cargas  impide que las gotas de grasa se junten de nuevo.

micela

Una vez que tienes claro los puntos básicos del jabón, ¿quieres aprender a hacer tu propio jabón? Pues bien, debes saber que hacer jabón tiene su miga ya que cada aceite que quieres emplear tiene su índice de saponificación y este índice es el que nos indica la cantidad de sosa que necesita para que se forme el perfecto jabón. Esto suena a rollazo absoluto y a pasarte horas haciendo cálculos para obtener las cantidades necesarias, ¡pero no! La ciencia ha avanzado, y algo que seguro que nuestras abuelas hubiesen agradecido es: ¡Una calculadora de saponificación que calcula las cantidades por ti! En Internet circulan muchas, si haces click aquí  directamente te dirige a una de ellas.

Sólo tienes que introducir las cantidades de aceites que vas a emplear. Dependiendo de si quieres hacer un jaboncito pequeño para probar o quieres hacer jabones para regalar en Navidad a toda tu familia puedes introducir unos valores u otros.  Si metes los gramos en la columna de peso, el programa te va a calcular la cantidad de sosa que necesitas. Además, te va indicando si tu jabón va a tener las propiedades adecuadas en cuanto a peso, cantidad de yodo, INS, dureza, espuma, estabilidad, limpieza y actividad acondicionadora. En el caso de que algún valor no sea correcto te aparecerá una exclamación para que hagas los cambios pertinentes hasta obtener la receta perfecta.

Y si os fijáis, al terminar de meter los valores de aceites tienes que seleccionar el nivel de Sobregrasa y la Concentración de la lejía, ¿Quéee?

  • El sobreengrasado consiste en añadir más aceites de los estrictamente necesarios para que se obtenga la reacción de saponificación. La finalidad es que el jabón sea más suave y se recomienda en el caso de que quieras fabricar un jabón con finalidad cosmética. Yo os recomiendo un 8 % de sobreengrasado.
  • La concentración de la lejía se refiere a las proporciones de sosa y agua que se van a emplear. A más sosa y menos agua la lejía estará más concentrada y a menos sosa y más agua estará menos concentrado. ¿Lógico verdad?  Esta concentración se expresa en porcentajes. Si escogemos un 20 % de concentración quiere decir que de 20 partes de sosa, habrá 80 de agua. Dependiendo del tipo de jabón que queramos fabricar, emplearemos una concentración u otra. Si queremos hacer uno con florituras, colores y demás es recomendable una concentración algo más baja para que la traza llegue más tarde y nos de tiempo a trabajar mejor. Si queremos uno básico podemos subir un poco la concentración. Si la lejía está más concentrada la traza llegará antes y el proceso de secado también, ¡lo mejor para impacientes! El 28% de concentración  que nos marca por defecto la calculadora me parece un valor perfecto para empezar a jabonear.

Bueno, pues sabiendo ya las cantidades que necesitas y guantes en mano, ¡puedes empezar a trabajar! Te indico cómo:

1- Añade el agua en un recipiente y vierte sobre él la sosa caústica. Como su nombre indica es caústica, es decir que puede provocar quemaduras graves en los ojos y la piel. Lo ideal es utilizar guantes, mascarillas, delantal y gafas de protección.

2- Deja un enfríar un poco y añade los aceites previamente pesados. Remueve  siempre en la misma dirección hasta que alcances la traza, ese momento llegará cuando comienza a espesar. Te puedes ayudar de la batidora, pero si quieres seguir los pasos de tu abuela… ¡cuchara de palo y a remover durante una horita!

3- Pon en moldes y espera al día siguiente. Córtalo con el cuchillo y déjalo curar durante 4 semanas. ¿Por qué? Porque el proceso de saponificación no termina en un día y no queremos quemarnos con la sosa. ¡Hay que esperar!

¿Te animas a hacerlo? Es una pasada cuando pasa un mes y puedes usar tu jabón para limpiar todo y dejarlo impoluto.

Yo,  si os soy sincera, aún tengo pendiente aprender a cocinar las croquetas y las lentejas con chorizo. Prometo ponerme a ello. Bisabuelos, abuelos, padres e hijos… ¡mantengamos las buenas costumbres familiares en todos sus ámbitos!

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