“Dicen que todos estamos formados en parte por polvo de estrellas, y debe de ser cierto, pues eres tú quien me ilumina hasta en los días más oscuros”

 

UN DIA EN LA VIDA DE THOMAS

Apenas unos tímidos rayos de sol atravesaban las sedosas cortinas de su habitación cuando el ulular de un desorientado búho hizo vibrar sus tímpanos como tambores de guerra. Envuelto en sábanas, mantas y colcha, siendo la envidia de las antiguas momias egipcias, Thomas despertó con un sonoro bostezo. Lanzó por los aires su envoltura y se reincorporó, aún con los ojos entrecerrados, pero dispuesto a tener un debate con el dichoso búho que le daba los buenos días.

Lo encontró posado en una rama desnuda con una expresión de incredulidad en su rostro, dándole la espalda con arrogancia. Sin dilación, Thomas asomó su perezoso rostro a la ventana y chistó al ave, que inmediatamente giró su cabeza 270˚, sobresaltando al joven, que golpeó su nuca contra el umbral. Ya sabía de la pasmosa habilidad de los búhos de girar su cuello como un trapo siendo escurrido, habilidad que quedaba reservada exclusivamente a ellos y a la niña del exorcista. Según tenía entendido, él, como humano, igualmente podría alcanzar los 270˚ de rotación, aunque sería lo último que hiciera en vida.

En lugar de comenzar un duelo que no podía ganar con el animal, lo espantó con aspavientos y regresó a la calidez de su desordenada habitación. Thomas aireó la habitación y se encaminó (o reptó) hacia la cocina, dispuesto a abrazar su gran adicción: el café. Cuando su cerebro estaba poco receptivo y su ánimo por los suelos, Thomas daba la bienvenida a la cafeína. Un mero alcaloide con una estructura similar a la de las moléculas conocidas como adenosinas, que se conectan con células receptoras en el cerebro, calmándolas y adormeciendo así el sistema nervioso. Para Thomas, las adenosinas eran las moléculas canguro que cantaban nanas a sus células nerviosas. Sin embargo, antes de que estas llegaran, él se encargaba de que la cafeína se adelantara y bloqueara los receptores antes de que sonaran las canciones de cuna. El café estimularía sus células nerviosas, aumentando entonces el ritmo cardíaco y la presión sanguínea, poniendo al cerebro en estado de alerta. Sus células cerebrales serían como niños revoltosos que se acuestan tarde y pasan las horas saltando sobre las camas y lanzando almohadones por los aires.

Vació la taza de café en el gaznate e inmediatamente arrastró sus pies hasta el cuarto de baño. Se deshizo de su pijama, estampado a juego con los kilts escoceses, y se posicionó bajo la cascada de agua que caía de la ducha. Dejó de lado el jabón, pues no quería acabar con los microbios que naturalmente vivían en su piel, así como con los aceites que desprenden las glándulas para mantener su cuerpo fresco y húmedo, pues su ausencia podría agrietar su epidermis. Y Thomas bien sabía que una piel agrietada era un local abierto 24 horas para otros microbios exteriores. Así, el jabón solía entrar en escena tres veces por semana, para evitar que sus poros se colapsaran por suciedad y polvo.

Finalizada su rutina matinal, se enfundó en unas austeras ropas de oficina, tomó las llaves del coche y abandonó su hogar a toda prisa. Entró en su coche como un relámpago y abrió la guantera en busca de sus gafas de sol. No obstante, del compartimento cayeron una serie de inoportunas fotos en las que aparecía él junto a su amada exnovia. De inmediato, su corazón se aceleró desorbitadamente. Por la sensación interna, comprendió que se habían activado determinadas regiones de su cerebro asociadas con el dolor físico o la adicción a sustancias como la cocaína (o la cafeína). No pudo desviar la mirada de los fotogramas, pese a saber que con ello su cuerpo estaba liberando químicos que debilitaban su corazón. Aquello podía incluso dar lugar a un ataque al corazón, hecho conocido como Síndrome del Corazón Roto, aunque perfectamente podría ser el título de una canción de Maná.

La tardía hora que marcaba su reloj de pulsera lo devolvió a la vida real. Olvidó sus gafas de sol, contemplaría el astro como el mismísimo Newton hizo en su tiempo. Arrancó el vehículo y se puso en marcha hacia la oficina.

Como era de esperar, el trayecto no se dio sin incidentes. En alguna ocasión tuvo que salvarse de un accidente gracias a sus reflejos de lince. Incluso a algún que otro conductor temerario le respondió alzando, a través de la ventanilla, el arrogante dedo corazón. Se fijó así en su carencia de palmaris longus, ese fino tendón del antebrazo presente en el 85% de la población. Resultó que él pertenecía a la minoría, era especial; claro que para darse cuenta de ello no necesitaba reparar en el dichoso tendón.

Finalmente, Thomas entró en la oficina, donde se disponía a aislarse del resto del mundo durante unas horas hasta regresar a su rutinaria existencia. Pero aquel día no iba a ser como los demás, en absoluto. En una de sus incursiones a la fuente de agua se topó con la hermosa Cindy, una ninfa a sus ojos, una belleza que lo acaloraba y que aceleraba su ritmo cardíaco. Tantos meses en secreto enamorado de aquella simpática joven, y tantas oportunidades de confesárselo perdidas. Mas no aquel día.

Thomas, gallardo y con el pecho hinchado, caminó hacia ella. El amor, una condición neurológica más, como la sed o el hambre, e igualmente insoportable. En su cerebro se hallaban en efervescencia las feromonas, y la dopamina, norepinefrina, serotonina, oxitocina, vasopresina, y hasta Cristina, su amor de instituto. Thomas relajó la respiración, y tan natural como su estado se lo permitió, exclamó:

“Dicen que todos estamos formados en parte por polvo de estrellas, y debe de ser cierto, pues eres tú quien me ilumina hasta en los día más oscuros.”

Rozando lo romántico y lo perturbador al mismo tiempo, Thomas, acertado o no en el piropo, estaba en lo cierto. Acorde a la teoría del Big Bang, a partir del hidrógeno y el helio primordiales se formaron las estrellas, de las cuales provienen los seres humanos. Helio no contienen las personas, pero sí hidrógeno. Así, aproximadamente, un 30% de los cuerpos humanos están compuestos de polvo estelar. Desafortunadamente, aquella hermosa estrella de nombre Cindy, desaparecería de la vista de Thomas súbitamente, como una estrella fugaz.

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s